La Argentina tiene hoy dos impuestos relacionados. El primero es sobre Bienes Personales. El segundo, es el “aporte solidario” o impuesto a la riqueza, como se conoció popularmente. Esto parece generar una disputa legal en este país.

El aporte solidario encendió el debate en la Argentina y se encamina hacia la discusión legal. Solo un puñado de naciones exige gravámenes similares al que propuso el oficialismo y fue aprobado por el Congreso.

Ya lo dijo uno de los economistas preferidos del Presidente, el francés Thomas Piketty: el dinero se mueve, y se mueve generalmente en dirección a los países que menos impuestos le hacen pagar. La solución para el premio Nobel es que los distintos países cooperen entre sí para cobrar un gravamen sobre el patrimonio “multinacional”, pero la realidad está lejos de eso: la Argentina es uno de los pocos países del mundo donde se tributa.

A nivel global, el esquema tributario se movió hacia gravar las ganancias y no el patrimonio. La Argentina tiene hoy dos impuestos en ese sentido. El primero es Bienes Personales, que grava los activos por encima de los $2 millones. El segundo, el más reciente, es el “aporte solidario” o impuesto a la riqueza, como se conoció popularmente. Este último tributo es, por el momento, un pago único para quienes poseen más de $200 millones. La AFIP estima que son unas 13.000 personas las que deberán abonarlo a fines de este mes.

Algo similar hizo Bolivia: a fines de diciembre, su Congreso aprobó un impuesto que gravará con alícuotas de entre 1,4% y 2,4% a fortunas valuadas en por lo menos US$4,2 millones. A diferencia del “aporte solidario” de la Argentina, que se cobra por única vez, el gravamen andino es “permanente”.

“Como el impuesto en Bolivia se sancionó durante la pandemia, se lo tiende a identificar con el ‘aporte solidario’, pero en realidad es más parecido a nuestro impuesto a los Bienes Personales”, detalla Matías Olivero Vila, abogado y contador del estudio Bruchou, Fernández Madero & Lombardi.

Esencialmente, la diferencia principal es que es un gravamen anual y que se recauda para las rentas generales, no para morigerar efectos de la pandemia, como en el caso local.

“No hay países con impuestos similares al aporte solidario. En la región, los proyectos no pasaron de propuestas de partidos minoritarios sin mayor avance. Estamos solos en el mundo con este impuesto”, señala Olivero Vila.

Otros impuestos al patrimonio

Uruguay es otro país de la región donde se grava el patrimonio: se trata del IPAT. “Para empresas no hay mínimo no imponible y la tasa es del 1,5%; para personas físicas, es de US$100.000 y para núcleos familiares, es de US$200.000″, explica Fabián Birnbaum, tributarista uruguayo y socio de FBM Advisory.

La tasas del IPAT (impuesto al Patrimonio) van del 0,4% al 0,7%, muy por debajo de las argentinas, que van 0,5% al 1,25%. Otra diferencia con respecto a Bienes Personales es que este gravamen abarca solamente a los bienes que los residentes fiscales uruguayos tienen en Uruguay y no los que tienen en el exterior (como en el caso del impuesto local). Birnbaum explica que esto es así desde 1974, y que no es una estrategia más del país vecino para atraer argentinos.

Luis Lacalle Pou, presidente de Uruguay, confirmó este martes que, como en 2020, volverá a cobrar el “Impuesto Emergencia Sanitaria Covid-19”. Se trata de un gravamen a los funcionarios públicos y a aquellos que presten servicios personales a organismos estatales, personas públicas no estatales o sociedades en las que el accionista mayoritario es el Estado, que tengan ingresos nominales superiores a los 120.000 pesos uruguayos mensuales. Las alícuotas van del 5% a 20% y su vigencia es por dos meses.

En Colombia se paga el impuesto al patrimonio con una alícuota del 1%.

¿Qué pasa en el resto del mundo?

En Europa, explica César Litvin, socio del estudio Lisicki Litvin & Asociados, son pocos los países que lo cobran a nivel nacional. Las comunidades españolas pueden cobrar un impuesto al patrimonio con un mínimo no imponible de 700.000 euros, con una exención al patrimonio de 300.000 euros. La tasa va del 0,2% al 3,5%. Madrid no lo cobra. Lo mismo sucede en Suiza: lo cobran algunos pocos cantones.

Francia lo tuvo hasta 2019 y ahora aplica un impuesto a la fortuna inmobiliaria, solamente sobre el patrimonio inmobiliario. Liechtenstein cobra un impuesto al patrimonio con una alícuota chica, del 0,07%. Noruega, con alícuotas de entre el 0,9% y el 1,1%, agrega Litvin. Todas están por debajo de las alícuotas de la Argentina.

En Italia hay dos impuestos que gravan el patrimonio. El IVIE, un gravamen del 0,75% sobre los activos reales mantenidos afuera del país, y el IVAFE, del 0,15% sobre los activos financieros también ubicados fuera de la nación, detalla el tributarista.

En los Países Bajos existe el “impuesto a la renta de la riqueza”, pero no grava solo el patrimonio sino sobre el rendimiento de la renta. En Rusia, se cobra un impuesto sobre la propiedad para las empresas y no para las personas físicas, detalla.

Añade un caso particular, el de la India, donde se aplica únicamente sobre bienes no productivos de renta, como vehículos, joyas o inmuebles no alquilados. “De alguna manera, esto incentiva la producción de renta”, señala el especialista.

De todos modos, dice, hace muchos años que se eliminaron los impuestos generalizados sobre el patrimonio en Japón, Italia, Austria, Irlanda, Dinamarca, Luxemburgo, Finlandia, Suecia, Chile y Grecia, por citar algunos ejemplos. “Muchos tributaristas consideran que no se debería gravar el patrimonio, que ya fue generado con ganancias que a su vez ya pagaron impuestos: entonces, de alguna manera, estarías gravando dos veces”, explica Litvin, y concluye: “Estos tributos producen fuga de capitales y de emprendedores, baja de inversión y pérdida de ahorro”.

 

Fuente: tn