Dios es un matemático y un físico consumado. Qué es la teología natural. Un científico con sensibilidad religiosa.

En la actualidad, para muchos seres humanos con alguna medida de instrucción académica, ser científico equivale a no creer en Dios o en la Biblia. Conciliar a la ciencia con los denominados Santos Escritos parece contradictorio para la mayoría hoy. Pero, no era así en los días de Isaac Newton, quien demostró ser un estudiante minucioso de la Biblia en una época en que esta, no era accesible a la gente común. De hecho, fue la lucha que tuvieron tanto William Tyndale y Desiderio Erasmo con las respectivas iglesias anglicana y católica cada uno. Por eso, resulta interesante ver el análisis que hace un erudito de tiempos actuales sobre el trabajo científico y religioso de uno de los científicos mas famosos de la historia.

El empirismo permite ver a Dios

Iliffe señala, en su entrevista con BBC Mundo, que “para Newton discernir lo que Dios quería era en parte posible a través del trabajo empírico, es decir, de la experimentación y la observación”.

“Pero también, en parte, se podía determinar con el uso de la mente a través, por ejemplo, de la razón y de las matemáticas”.

“Uno de los objetivos de la filosofía natural, que es la antigua definición de ciencia, era discernir la mente de Dios viendo a través de su creación”.

Por otra parte, explica que dentro de lo que se conoce como teología natural era que “uno puede aprender de la extraordinaria brillantez de la creación de Dios a medida que aprende más del mundo natural”.

Un matemático y un físico consumado

Cabe recordar una frase que el investigador dijo en un programa de la BBC de 2019:

“En lo que llamamos la teología natural, que es leer la existencia y los atributos de Dios a partir del mundo creado, Newton ofreció pruebas nuevas para los estándares de la época y probó para su propia satisfacción y la de otros que Dios era un matemático y un físico, obviamente un matemático y físico consumado”.

Y eso es clave para entender el pensamiento religioso de Newton.

“En el mundo secular moderno pensamos que entre más aprendemos de la naturaleza, más apoyamos la secularización, la idea de que los seres humanos están en control del mundo y que ellos mismos son capaces de entender un mundo que ha existido hace muchísimo tiempo y que no fue creado por Dios”, señala el experto en conversación con BBC Mundo.

“Pero para Newton y sus colegas, es exactamente lo contrario: entre más aprendes sobre la estructura del sistema solar, la vía láctea, la anatomía del cuerpo, la ecología, se hace cada vez más obvio que esto no pudo haber surgido por casualidad y que es producto de una inteligencia que lo diseñó”.

Algo interesante que dice el profesor Iliffe es que, aquellas personas (incluido Newton) percibieron una “inteligencia cuidadora porque “Dios ha creado, por ejemplo, el sistema solar de una manera que es perfecta para que el tipo de belleza de la vida prospere y esa es en gran parte la opinión de muchas personas en Reino Unido y otras partes hasta principios del siglo XIX”.

Si uno recuerda la Ilustración sabe que hubo mucha gente con una visión diferente, en la que Dios es una fantasía, y allí Iliffe encuentra una fascinante paradoja: “esos filósofos, esas figuras anticlericales de la Ilustración, muchos de ellos profundamente antirreligiosos, creen en una Ilustración cuyo creador es Isaac Newton”.

Las cosas que no se podían decir en público

Era una época en que no se podía decir todo lo que se pensaba y mucho menos, en el ámbito religioso, el cual, por loque se ve, apasionaba a Newton.

Iliffe invita a “ubicarnos en la época en que vivió Newton para comprender que los puntos de vista opuestos al dogma de la Santa Trinidad, se consideraban formalmente heréticos, iban explícitamente en contra de las doctrinas de la Iglesia de Inglaterra y de la Iglesia Católica Romana”.

Eran tiempos revolucionarios aquellos en Inglaterra: de niño fue testigo de una guerra civil y cuando fue a la Universidad de Cambridge, en 1661, se dio la restauración de la monarquía.

El que alguien pudiese calificar la doctrina de la Trinidad como un mito o una mentira era “algo terrible para casi todos los teólogos”, en aquellos tiempos convulsos, reflexiona el experto.

“Lo que hace Newton es profundamente radical, era algo que podía perturbar el tejido social y, por eso, mantiene sus escritos en secreto”.

Según explica el profesor, “para la última parte de la década de 1670, Newton ya tenía ideas contrarias a la Trinidad”.

«Tuvo este secreto por medio siglo, quizás incluso por 60 años. De haberse revelado ampliamente, podría haber sido juzgado por blasfemia en algún punto».

Nunca habría podido ocupar ninguno de sus cargos como miembro del Trinity College, como profesor de matemáticas, nunca se habría convertido en miembro del parlamento, nunca habría sido presidente de la Royal Society. Nunca habría sido nombrado caballero: Sir Isaac Newton«.

Lo que sí hizo fue compartir sus opiniones religiosas con un grupo selecto de personas de su confianza, todavía es un misterio cuántas realmente conocían su secreto.

El deber de comprender la mente de Dios

¿Cómo reconciliar las creencias religiosas de Newton con su ciencia?

“Uno podría decir que sus puntos de vista sobre la Santísima Trinidad son hiperracionales”, responde el autor.

“En cierto modo, suenan a como era él, una persona que aplicaba su mente científica y sus herramientas científicas a la comprensión de las escrituras y la historia sagrada”.

Esas ideas surgen de “una profunda convicción de que la religión es comprensible, es racional”.

“Y eso choca con la barrera que representa la comprensión de Dios, pues él piensa que hay muchos aspectos de Dios que actualmente son incomprensibles: Dios es infinito, Dios nos es ajeno en gran medida. Si embargo, tenemos mecanismos o herramientas para tratar de entenderlo”.

“Es como si para Newton, las personas como él y otros cristianos tuviesen la obligación o el deber de comprender la mente de Dios. Eso es lo que hace la ciencia, eso es lo que hace leer la Biblia. Todo es parte de un esfuerzo muy general por tratar de comprender las intenciones de Dios”.

Creía en la resurrección y tenía sensibilidad religiosa

Newton se percibió a sí mismo como un hombre profundamente piadoso.

“Se ve como retratado en la Biblia: hay batallas entre el bien y el mal y la esperanza de los cristianos es que triunfe el bien, que Cristo regrese y reine con sus santos, y que haya mortales gobernados por Jesucristo y los santos”, indica el académico.

“Yo creo que Newton tenía la esperanza de que resucitaría como un santo”.

Pero también se percibió como un erudito piadoso que tenía un don especial, una especie de regalo de Dios, y “la forma en que puede expresarse más fácilmente como cristiano es a través de su trabajo académico”.

Iliffe aclara que la pregunta entonces no es: ¿cómo este genio científico realizó todo ese trabajo bíblico en su tiempo libre? sino: ¿cómo este intensamente devoto erudito cristiano hizo filosofía natural o matemáticas cuando su vida estaba dedicada, como se puede ver en The Newton Project, a la religión, al estudio religioso?

“Es un hombre profundamente religioso y creo que aún hay mucha gente que confunde la naturaleza de su genio”, dice el profesor.

“No es que haya desperdiciado su tiempo en religión, sino que es la religión, su convicción, su ambición, su imaginación, el impulso que proviene de esa sensibilidad religiosa, lo que le permite hacer cosas como inventar el cálculo, descubrir la gravitación universal y los principios que la sustentan, las leyes del movimiento y así sucesivamente”.

“Hace todo eso, y no necesariamente en su tiempo libre, pero representa una pequeña parte de las actividades generales en las que Newton estaba involucrado y eso lo convierte en una figura aún más grande, en algunos aspectos, que la que mucha gente conoce”.