Los vecinos de Manantial Sur, más precisamente en la barriada conocida como 143 Viviendas, comienzan a ver un síntoma que los aterroriza. Los espacios públicos de la zona, las calles y las plazas, se convierten en el teatro de operaciones de grupos que se dedican a la venta de drogas y dirimen sus reyertas a tiros, sembrando muertos por todo el lugar. En menos de un mes, dos jóvenes murieron en un radio de menos de dos cuadras. Justo como cuenta la trama de la película brasileña que retrató con crudeza lo que pasaba en una urbanización creada para reubicar a los habitantes de las favelas de Río de Janeiro.

El último caso fue el de Víctor Manuel Alejandro Barrionuev, de 24 años, quien se encontraba en el velorio de un conocido. Según se supo, les dijo a sus parientes que dejaría el lugar para ir a comprar algo (los investigadores sospechan que habría sido droga en un “quiosco” de la zona).

De pronto se escucharon gritos desesperados. “¡Vengan! ¡Vengan! Al Víctor le metieron un tiro en la cabeza. Fueron ‘Los Bombilleros”, exclamaron dos allegados del joven asesinado. La madre junto a otras personas fueron a ver qué sucedía. Al llegar a una plaza, encontraron a Barrionuevo con un disparo que le había atravesado la cabeza. Lo llevaron al hospital Padilla donde falleció.

Los apuntados forman parte de un grupo de personas provenientes del barrio Juan XXIII (“La Bombilla”) que se instalaron en ese sector de la ciudad y que tendrían una red de narcomenudeo. “Esos se andan haciendo los hamponcitos por aquí. Ya van a ver si son tan malitos”, exclamó a los gritos un joven a los medios de prensa cuando recorrían el lugar.

La posibilidad de que este nuevo crimen genere una escalada de violencia en la zona está latente.“Y ya estamos acostumbrados a esto”, dijo resignado Juan Carlos Medina. Al vecino del barrio 143 Viviendas no le sorprende que en menos de un mes se hayan registrado dos homicidios, con apenas dos cuadras de diferencia. Dos casos similares: dos jóvenes con problemas de adicción fueron ultimados por dos transas diferentes que operan en el mismo lugar.

El domingo 16 de julio, también a la madrugada, a menos de dos cuadras del homicidio de ayer, se encontraba Jorge Coronel Díaz (30). A ese lugar se presentaron cuatro personas a bordo de una moto. Una de ellas lo buscó y le disparó en el cuello, lo que provocó su muerte. Luego del cruento ataque, los agresores huyeron del lugar.

Los familiares de la víctima acusaron a los allegados de la pareja del joven. Señalaron que la hija de la mujer habría sido la autora. El móvil fue que no permitían que estuvieran juntos, ya que ellos vendían drogas en el barrio. A los días, la auxiliarfiscal Luz Becerra, siguiendo las instrucciones de la fiscal de feria Adriana Reinoso Cuello, acusó a Amelia Paola Monteros de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Le dictaron la prisión preventiva por tres meses, medida que está cumpliendo.

En ambas investigaciones, los agentes de homicidios, al mando de los comisarios José Montero, Susana Monteros y Jorge Dib, se toparon con el mismo escenario. Los vecinos no quieren contar muchos detalles de lo sucedido y, mucho menos, señalar a los autores. “Lo que pasa es que aquí si hablás, te matan. No hay otra”, exclamó Lucía.“¿Qué querés que te diga? Aquí todas las noches hay problemas entre los adictos y los transas. Los que venden no tienen problemas en matarlos de un tiro”, añadió la vecina que dejó de hablar cuando comenzó a observar el movimiento de gente.

Ese dato fue corroborado por la auxiliar Becerra. En la audiencia contra Monteros, no sólo dijo que los vecinos estaban aterrorizados, sino que indicó que pagaban el silencio de testigos entregándoles droga.

El 143 Viviendas es sólo uno de los barrios de esa gran urbanización llamada Manantial Sur., ideada en principio para reubicar a los habitantes de asentamientos como El Triángulo, Villa Piolín, Juan XXIII y El Sifón, entre otros. Las calles son de tierra y en una recorrida a plena luz del día, en cualquier momento, se puede ver a jóvenes consumiendo sustancias.

“Los que vendían allá ahora lo hacen aquí. Esto es de nunca acabar. Mucho no se puede hacer porque te tirotean la casa sin problemas”, explicó Judith, otra vecina. Su pareja Hugo, que se recupera de un accidente, agregó: “por la noche esto es tierra de nadie. Ves a los ‘piperos’ dando vuelta como zombis y escuchás los tiros. Es duro, pero nuestros hijos están acostumbrándose a vivir esta situación de m…”, lamentó.

Y ese es en realidad el clima que se instaló en un sector que, como todos los habitados por gente humilde, cuentan con una gran mayoría de vecinos que trabajan y se esfuerzan por mejorar, pero terminan sojuzgados, obligados a vivir enrejados, presa del miedo, en barrios que terminan siendo teatro de operaciones de dealers que envenenan el futuro de sus hijos y que imponen el terror haciendo gala de un total desprecio por la vida.